64.- Memorias de Don Jubilón

Sábado, 26 Septiembre 2015 13:18 Publicado en Escribe Don Jubilon Visto 15015 veces
En realidad,  el tirano es siempre el vengador de nuestras propias culpas, y para que desaparezca, no es a él que tenemos que vencer sino a nosotros mismos. En realidad, el tirano es siempre el vengador de nuestras propias culpas, y para que desaparezca, no es a él que tenemos que vencer sino a nosotros mismos. elgong

“La gran lección que la historia nos da cada día y que nosotros no queremos nunca aprender es que no ha habido jamás tiranía que no hayan merecido los que la sufren: En realidad,  el tirano es siempre el vengador de nuestras propias culpas, y para que desaparezca, no es a él que tenemos que vencer sino a nosotros mismos.  Mientras esta verdad no se clave para siempre en el alma de los hombres, seguiremos con el mismo juego de hoy, de matar a un gesto violento con otro gesto violento, a una tiranía con otra tiranía”. Dr. Gregorio de Marañón (1887-1960)

IV Parte: 15 años en Santiago

24.- Buenas y malas  vibras   

Entre las buenas, mi vecino hizo la inauguración espectacular a una nueva discoteque santiaguina  con un nombre muy apropiado:”Fauno”. Yo le había acompañado muchas veces, los fines de semana mientras la obra iba tomando cuerpo, partiendo de un edificio que no se había terminado. Tenía talento para ese negocio,  sabiendo las necesidades, cupos y resistencias, actuaba incluso  como improvisado arquitecto  y diseñador.  Era optimista y tomaba los riesgos, con la misma valentía o ceguera que los políticos de la época.  Tenía lo que se llama popularmente  “patas”, para hacer cualquier negocio. Imagino que debe haber heredado más de algo y también su señora, ambos muy conectados en el barrio alto. En este caso hizo una apuesta inmobiliaria en dirección contraria a los malos vientos que corrían. Compró una obra gruesa,  donde de seguro  fallaron los cálculos o se sacaron cuentas  demasiado alegres para los dudosos tiempos entonces transitados. A medida que adelantaba la discoteca, el quiebre político generaba  cada día peores ruidos. Y sobre todo en el barrio alto,   los bienes raíces se fueron depreciando pues mucha gente empezó a temer lo peor y  no pocos sintieron  a flor de piel  “la campaña del terror”. Apresurándose para  vender propiedades,   pensando  o decidiendo  irse de Chile.  Sin embargo mi vecino estaba fascinado con su nueva discoteca, que iba tomando forma   con  vistoso colorido y moderno mobiliario, lo mismo que la iluminación y el  sonido. Solía comprarle equipos nuevos a diplomáticos, pues mi vecino era extraordinariamente sabio en este rubro. Lo acompañé bastante  en estos trotes preparativos, para la gran inauguración. Adelantando semana a semana, tuve la imagen que el desarrollo de este proyecto demostraba  exactamente  lo contrario que lograba el Gobierno de Allende. Todo parecía allí  no funcionar y aumentaban las los problemas en todos los flancos. A menudo la prensa publicaba las sentidas frases del Presidente, cuando  se quejaba del “fuego amigo”, que lejos de ayudar, apagaba los incendios con bencina. En cambio el “Fauno” abrió sus puertas de manera triunfal , agasajando a cientos de personas sin fijarse en gastos, durante una interminable noche inaugural. Sin embargo el “General Invierno” de esta valiente iniciativa, sería un prolongado “toque de queda”. Ese fue el “talón de Aquiles”  que terminaría derrumbando a este “fauno” de película, cuando Don Jubilón  ya había dejado atrás Santiago,.

Jefe Nuevo llega desde Punta Arenas

Buena fue también la recepción que nos  brindó  la Dirección de Sanidad  en el Club de la Fuerza,  a los cinco nuevos oficiales dentistas que habíamos tenido su primer desfile y Juramento a la Bandera. Durante una cena formal fuimos presentados oficialmente como Capitanes y nuestras esposas recibieron correspondientes ramos de flores.  Radiantes, como novios, nos incorporábamos a esta nueva familia aérea. Nuestro destino sería finalmente ser enviados a las Bases Aéreas  ubicadas en Iquique, Antofagasta, Quintero, Cerrillos, Colina, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas.  Justamente de Punta Arenas venía un Comandante de Grupo trasladado a Santiago para terminar su carrera militar. Era mi segundo Jefe y  pronto nos hicimos amigos por una circunstancia de movilización. Lo llevaba en mi auto todos los días desde Almirante Barroso hasta Agustinas con San Antonio donde tenía mi consulta particular. Y  este doctor,  que era soltero, vivía en el Club de la Fuerza Aérea. Era un tipo un tanto raro, pero me resultó interesante saber no por su boca sino por copuchas externas, que se había sacado en Punta Arenas un suculento premio gordo de la Lotería. Era de una familia chica  compuesta por  él y una hermana, que tenía tres hijos y fueron ellos el motivo principal para  venirse a Santiago. Además me confirmo una copucha: efectivamente se había sacado una buena suma de dinero en la Lotería. Ya viejo y solterón,   no se veía muy  feliz. 

¿Cómo está el horno afuera?

Un dentista o médico militar tiene un gancho que les permite a las Fuerza Armadas tener profesionales  de muy buena calidad. Esto es,  reciben el mismo sueldo que correspondiente al grado que un militar de carrera,  pero  sirven  profesionalmente sólo medio día a la Institución, salvo en caso de guerra. Y a tal regalía responden los profesionales otorgando la más excelente atención posible a los funcionarios y sus cargas familiares. Esa  situación de privilegio  era mejor aceptada por el resto de los oficiales, especialmente  cuando los profesionales que se ponían el uniforme   demostraban apego por su Institución y   participaban en las reuniones sociales donde  prueba el llamado  “espíritu de cuerpo”.  Los  pilotos pertenecen a la Rama del Aire; y el resto, ingenieros, contadores, y  los de la Salud pertenecemos a la Rama de los Servicios,  la salud. Sólo  a la hora de casamientos, cumpleaños, bautizos o actividades deportivas,  todos  los oficiales son simplemente Camaradas. Lo mismo ocurre en el Escalafón de Suboficiales. Y esa  particularidad de estar solo  mediodía en el mundo militar, nos  convertía en  verdaderos portadores de las sensibilidades del mundo civil, a la  que los militares accedían sólo leyendo los diarios. Y la prensa estaba también muy polarizada. Un Oficial de Finanzas muy simpático y bueno para la talla, cuando concurría a su oficina por algún asunto administrativo, me preguntaba de manera invariable: Oiga Mi Capitán, ¡Y como está el horno afuera?  Adentro había señales de alerta desde   azul a roja.

Y una muy mala

Se produjo una tarde cuando un sobrinito  de cinco años de los vecinos de la parcela del otro lado,  se cayó en bicicleta dentro de la piscina, que justamente ese día  estaba sin la malla de resguardo. Cuando llegué de la pega en la tarde los vecinos  esperaban para que ayudara en una faena  espeluznante. Al niño lo habían llevado por cercanía  al hospital de la Fach,  pero sin reanimación urgente y con  todas las demoras imaginables, llegó   lamentablemente sin vida. Como yo era camarada relacionado con el Hospital de la Fach , me pidieron que acompañara a la  joven y desconsolada madre, para los efectos de re encontrarse  con  los restos mortales del niñito tan trágicamente fallecido. Fue la primera vez que entraba a una morgue y la visión de ese pequeño  muerto me recordó aquella catástrofe que aplastó también  a nuestra familia, cuando nuestro hermanito menor se ahogó en la pileta de la casa, que hizo mi padre para regar la huerta en Yungay.(III Parte, Cap.27 “El breve paso de un ángel”

 Próximo Capítulo 66/25 “Un negocio alambicado” 

 

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