65.- Memorias de Don Jubilón

Jueves, 01 Octubre 2015 22:08 Publicado en Escribe Don Jubilon Visto 15059 veces
Portada Don Fausto Nº 1313 Portada Don Fausto Nº 1313 elgong

“Avatares y Milagros” se empieza a escribir  el Año 2010, Es una historia tentada por las muchas contingencias que le han ocurrido al narrador.  ¿Por qué hacerlas? Primero por vanidad, que es el combustible de los que gustan escribir.

Algún nieto o bisnieto tropezará  con ellas,  cuando el Tata que las inició  haya descarnado y  sea sólo espíritu. Mientras tanto seguimos  adelante, próximos a terminar el periplo santiaguino y volver a La Araucanía, donde empezó todo hace mas de 130 años.  Y la idea es que sea un eterno borrador,  que reúne a viejos conocidos o desconocidos  que se sienten convocadas “porque también los vivieron o supieron de esos tiempos y lugares”. Es el milagro de la era digital,  con las capacidades requeridas  casi  para  una historia sin fin, que termina en cada capítulo  y esboza el siguiente. (Ah, y gracias al “gong.cl “).

IV Parte: 15 años en Santiago

24.- Un  negocio alambicado

El nuevo Jefe Odontólogo militar nunca había manejado automóviles, pero tenía un “ pasado automotriz” .Cuando se sacó ese premio “gordo• había comprado cinco automóviles, pero destinados a constituir una flota de taxis en Santiago que manejaría su cuñado, para sacarlo de su inopia económica. En realidad para ayudar a su única hermana y sus tres sobrinos regalones. El próximo negocio automotriz lo haría conmigo, en calidad de intermediario con los verdaderos   entendidos que eran mis vecinos en Las Condes. Un negocio bastante alambicado. Mi jefé odontólogo se adjudico  rápidamente un Fiat 125 en el Estanco Automotriz,  y la esposa de un amigo de mi vecino estaba en lista en el mismo Estanco para un Fiat 600.  MI Jefe odontólogo no quería el auto pero si la diferencia de precio del auto nuevo en el mercado. Yo fui el Ministro de fé en la transacción, debiendo recibir el  125  - que salió muy luego-  y tenerlo en custodia  hasta que saliera el  Fiat 600 nuevo,  que yo recibiría  casi gratis,  entregando el mío  ya bastante trajinado a mi vecino por el “dato” que me dio para realizar este negocio alambicado. Al fin de cuentas yo recibiría uno cero Km, Típico negocio raro y común en esos tiempos tristes de recordar. 

Las cosas se complican

Era frecuente en esos años que los Fiat 125 anduvieran sin patente, pues la mayoría de los autos fiscales eran entonces de esa marca y andaban sin patente, partiendo por los de la Moneda.  Pensando que sería cosa de unos días,  pusimos con mi vecino en venta el Fial 600 y el comprador resultó un ciudadano argentino recién llegado con su  familia por razones políticas. Pagó la mitad del precio en dólares (que era lo que en realidad valía el auto)  y le quedó debiendo a mi vecino el saldo.  Yo me desentendía y me preparaba para recibir el nuevo. Y no me quedaba a “pata”, pues tenía el 125 en garantía, en espera de consolidar ese negocio alambicado. Sin embargo se agregaría una nueva complicación. Al argentino le robaron el auto a los tres días de habérselo entregado.

Ché, me afanaron el auto

Lo dejó estacionado en la calle mientras cenaba en un restaurant y me rogó encarecidamente que iniciara las diligencias en la policía, pues el auto todavía estaba a nombre de mi amigo Sami que me lo había vendido casi regalado. En esos tiempos había una selva desatada con las transferencias pendientes, para ahorrarse unos pesos.  Es lo que hice yo esperando que el argentino pagara el resto, para recién entonces hacer la transferencia,   pero este negocio estaba marcado para ser extraordinariamente alambicado. Ocurre que de un día para otro el agradable ciudadano argentino desapareció del mapa y nunca más oímos hablar de él ni de la segunda cuota pendiente por pagar a mi vecino. El auto robado apareció semanas después en una comisaría donde mi amigo Sami tuvo que ir a retirarlo como legítimo dueño. Le habían robado la radio  y destruido una bella consola que hacía juego con los asientos modernamente retapizados.  Yo hice entrega del auto a mi vecino y finalmente  Sami firmó como vendedor en una compraventa, que para los efectos me liberó de mi pésima actuación como “Ministro de Fe” bastante incompetente y recauchado. 

La Ley de Murphy

Aquello que  cuando las cosas andan mal, pueden empeorar ( según la Ley de Marphy), se cumplieron a cabalidad en este negocio automotriz, que fue de tumbo en tumbo y diluyendo las responsabilidades en un ambiente en que los verdaderos problemas  -a todo nivel -  estaban regidos por aquella misma vieja ley  que avisaba  a los soñadores  “que  las cosas podrían  empeorar”. Ello ocurrió puntualmente  y estuve un año por lo menos enredado en ese alambicado negocio automotriz,  del que siempre me acuerdo cuando  las cosas tienden a empeorar. Porque también    en esos tiempos empezó a empeorar mi matrimonio.

Malas señales

Cuando mi suegra nos vino a ver desde el sur, nuestro simpático vecindario adhirió gustoso para acompañarnos a una cena en un muy bien ambientado restaurant. Todo estuvo muy bien hasta que ya en los postres las bromas fueron subiendo de tono y el ambiente tomó un camino sencillamente  de mala educación, cosa que no pasó desapercibida  para  la madre de mi esposa. En realidad por la mayoría de edad – podría ser la madre de cualquiera de los presentes, varones o damas  -  , además que por su  calidad de invitada,  merecía mucho más respeto por parte de esta moderna juventud setentera. Sin embargo los tiempos que corrían estimulaban   para transgredir  las leyes o la simple compostura., como algo natural.   Todo era relativo, desde las leyes  de orden elementales hasta  los comportamientos sociales que hacen  imposible la convivencia.  Empezaban incluso a menudear los crímenes de personalidades.  Todo vale en una creciente pugna en que nadie  da ni exige tregua.  Tal  vez mi suegra fue la primera que se dio cuenta que esa manera de vivir tan distendida  -que vio durante esa cena  con nuestros nuevos amigos - , podría no hacernos bien. La cena terminó con una guerrilla de bolitas de pan y mucho garabato.  De regreso a casa ninguno de los tres hizo comentario alguno sobre tan triste fin de esa velada, pero cada cual se quedó dormido con una sensación   rara,  incierta y que presagiaba tiempos malos o por lo menos confusos, que ya golpeaban en la propia casa.

Otros síntomas paralelos

El ambiente de camaradería militar también dio motivos para atentar con nuestro matrimonio. Empecé a fumar de nuevo  y a compartir cada vez con mayor frecuencia en las fiestas de los oficiales solteros. Durante  mi posgrado tuve un profesor que también era militar y manejaba una batería de chistes de grueso calibre y que empecé a anotar  durante los  primeros  años de doctorado en una libreta negra, que a poco  tiempo de estar destinado en  Cerrillos, los chistes y mis interpretaciones con acordeón, me trasformó en el alma de la fiesta. Y pronto era el último   que se iba para su casa.

Próximo capítulo: 66/25  Bautizo en Hawker Hunter.

   

1 comentario

  • Enlace al Comentario moncho Lunes, 04 Enero 2016 06:17 publicado por moncho

    ¿existe una recopilacion de las increibles (¡) memorias de Don Jubilon?

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