66.- Memorias de Don Jubilón

Jueves, 08 Octubre 2015 23:54 Publicado en Escribe Don Jubilon Visto 14885 veces
Terminado el vuelo del primer bautizado que fue el día anterior Terminado el vuelo del primer bautizado que fue el día anterior elgong

Muy encumbrado estuve con la  experiencia de ese mañana. Pareció que el aire exterior también entraba a velocidad por  todos los poros, durante  la   alegría de ese vuelo extraordinario, que no duró más de  veinte  minutos rasgando el cielo  sobre Santiago.

Recibía por los audífonos del casco las  acotaciones chisposas  el  “El Huaso”, piloto del avión. Anduve todo el resto del día  volado de cuerpo y alma.  Y tanto, que fui el último en irse esa noche  para su casa.

IV Parte: 15 años en Santiago

25.- Bautizo en Hawker Hunter 

Es costumbre en las unidades militares dar una manifestación de bienvenida a los que llegan a integrar el grupo, que para el caso es como un club lleno de historia y sus propias  tradiciones. Un gesto de nobleza  de los “ Oficiales de Escuela”, para quienes vestimos el uniforme, muchas veces sin ni haber hecho el Servicio Militar.  El acto bautismal  tiene dos características: Una más bien ruda,  de carácter iniciático,  donde debes entregarte a todo evento a este acto en que te hacen sentir lo desagradable que puede ser la vida  militar ”  La otra,  luego, justamente cuando parece que todos te están odiando,   alguien pregunta   ¿Por què?... . Y todo el grupo que agasaja  responde:  ¡Porque somos los buenos muchachos… y  nadie nos puede ganar!!!  Ello da inicio  al acto amable del festejo, donde reinará  la más disipada  camaradería. Éramos dos nuevos Oficiales de Sanidad  ya   informados que la bienvenida  consistiría en volar como copiloto en un Hawker Hunter biplaza. La ocasión sería  un ejercicio de formación  preparatorio a la Parada Militar. Y aquello de volar a velocidad supersónica, nos tenía excitadísimos.

Entregando cuerpo y alma  en Cerrillos

Terminado el vuelo del   primer bautizado que fue el día anterior,   fui conminado a participar activamente en el aceitado y engrasado total de su cuerpo desnudo. Ya desprovisto del casco, buzo de vuelo, camiseta y calzoncillos -   en pelotas - ,  le empezaron a rociar con abundante aceite de motor ya   quemado por el uso. Me  otorgaron el honor de  aplicarte el ungüento mayor ,  de bienvenida, para lo cual fui premunido de una paleta de madera,  como un remo de kayak, que un antiguo me pasó ya colmado de grasa, indicándome que  “ limpiara”  ( la paleta)  pasándosela al bautizado por las entrepiernas.  Al día siguiente vería en carne propia el efecto, por el frente, donde la grasa atrapada construía una especie de tanga gelatinosa en el pubis del bautizado, que se iba disolviendo penosamente. Entonces alguien le alcanzó un gigantesco bebestible,  que debió tragar como un cosaco,  mientras le cantábamos:  “Porque somos los buenos muchachos….etc.”.

Sometido con alegría

Lo del aceite y la grasa me parecía una bicoca, frente a la increíble posibilidad de volar en un Hawker Hunter. Esa experiencia inolvidable  que es ir como dentro de una bala con parabrisas. Antes de despegar, el comandante piloto me explicó  la única maniobra que  podría ordenarme  hacer en el vuelo y que no podía hacer nadie por mi, pues  desde su puesto no alcanzaba la palanca  para eyectarme -con asiento y todo -  si el avión caza sufriera un desperfecto.  A su orden  debía tirar con fuerza una palanca roja, ubicada entre mis piernas. Y chao.  Entonces me pasé toda una película de esa acción que había visto en el cine, donde sale el piloto con su asiento como un cuesco  que rebota en el aire antes de frenarse con la apertura automática del paracaídas. Sobrevolamos Santiago y luego conectados con el líder nos reunimos en el lugar acordado,  para  iniciar la formación bastante al norte de la ciudad. Finalmente  pasamos por encima del Parque Cousiño y en un par de minutos más estábamos aterrizando de nuevo en Cerrillos. Las velocidades de despegue y aterrizajes son bastante  altas  y el contacto con la pista  muy áspero,  debido a la alta presión de los neumáticos.

Bautizo con  maniobra adicional

La rutina de mi bautizo con subproductos del petróleo fue igual a la de mi colega , salvo que ahora mi él estuvo a cargo de la paleta con grasa consistente y hasta le agradecí la tanga que cubrió mi pene que se había convertido en un maní. Estaba esperando la canción final,  pero como ya había calificado de “chistosito” , el Jefe discurseo  que  adicionalmente   se otorgaría   un “plus” al bautizado ;   por sus altas capacidades humorísticas y musicales :  un  “ paseo en Pluma”,  por la loza del Aeropuerto. El paseo era  en un tecle con ruedas,  usado  para  colgar o descolgar motores en los talleres de mantenimiento. Solícitos   ordenaron posarme  en una red de cordeles  y al segundo después estaba colgando pilucho y aceitado , primorosamente, como un capullo  de la punta de esa grúa  motorizada. El chofer de la “Pluma”, enfilo con su preciosa carga en dirección al aeropuerto, donde justamente venía carreteando  un avión  “Ladeco”,  repleto de pasajeros, que miraban con curiosidad  a través de sus ventanillas,  ese cargamento un tanto insólito  que pivotaba como una pera gigante y solitaria, colgando  de esa “pluma” mecánica. En la sala de pre-vuelo los buenos muchachos  me recibieron con el canto de rigor y el gigantesco potrillo bautismal. Me lo fui tomando primero con sed de galeote, y luego  de apoco, pues demoré como una hora sacándome del cuerpo los subproductos del petróleo.  Doy cuenta de una alegría interior indescriptible. Ese vuelo en un avión “a chorro”  era como mi doctorado en esa pasión de volar, que nació  en la Cancha ”Siberia” al lado de “Cholguán  y cerca de Yungay. Entonces por primera vez no solo toque un avión con mis dedos, sino que me senté en el asiento delantero de ese viejo aeroplano descapotado, y , tomando el bastón de mando cerré mis ojos de niño, soñando que volaba (ver III Parte. Capítulo 21).

La fiesta

Estaba todo organizado  en estos casos de bautizos aéreos,  para hacer vibrar la camaradería y el Espíritu de Cuerpo que es tan especial  en las Fuerzas Armadas. Tan necesario, porque el género del trabajo militar suele poner a sus miembros  más en peligro de muerte, que en el resto de las profesiones. “Camaradas, camaradas en la vida ; Camaradas, en la vida y en la muerte ; no olvidemos que la gloria, se ha prendido en el avión…” No era extraño entonces que se recibiera con tanto cariño a estos dos nuevos miembros que se allegaban a la Fuerza Aérea de Chile. Y particularmente   a este Grupo de Aviación, el más importante de las bases institucionales del país. Desde un comienzo me sentí como en mi casa y acogido como en familia.  Ese día del bautizo, además de celebrar el vuelo de incorporación;  sentí que era la culminación de muchos años luchando por dejar atrás las privaciones, desde un pequeño pueblo sureño hasta “ La Capital del Reyno”. Nunca olvidaría a mis amigos aviáticos y en especial cuando supe  años más tarde , que “El Huaso” desapareció para siempre pilotando un Hawker Hunter Biplaza, en el mar frente a Antofagasta.

Una resaca brutal 

El día siguiente del bautizo empezó demasiado temprano y la correspondiente resaca hizo muy  breve la conversación matinal con mi esposa. Expliqué  a   retazos el bautizo aéreo  y "los maltratos recibidos” por parte de “estos muchachos desordenados”. Quedamos de hablar más  cuando nos viéramos de nuevo en la tarde, con la certerza que tocaríamos  algunos puntos siempre evadidos. La vida en Las Condes nos estaba cambiando radicalmente.   Por ejemplo hacía tiempo que no íbamos a la Iglesia  y cada cual afanado en lo suyo, conversábamos poco.  Parecíamos tener  miedo de aceptar que los éxitos profesionales  servían para tapar las otras cosas que no andaban tan bien.  Ahora mi esposa, siendo médico pediatra, empezó a atender profesionalmente a los hijos  mis amigos aviáticos  y  además  empezó a realizar turnos de noche los días jueves,  de manera que agregó nuevos recursos a nuestra familia, todavía sin hijos,  pero ahora pensando en tenerlos  ya  asegurar su recuperación de su nefritis crónica , que  indicaba postergar un embarazo.  Ciertamente éramos  una pareja muy  ocupada profesionalmente y con parientes muy queribles.  Sin embargo,  ¿nos casamos enamorados   o  éramos sólo  buenos amigos? 

Próximo  Capítulo ; 67/26  Triunfos y derrotas.

 

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