Chile y sus “Monos con navaja”

Sábado, 03 Octubre 2015 22:00 Publicado en Política Visto 3516 veces
Los mono con navaja, al estilo de Benjamín Vogel, columnista semanal de El Gong Los mono con navaja, al estilo de Benjamín Vogel, columnista semanal de El Gong elgong

“Yo no pido que me den, sino que me pongan donde “haiga”.

Por Benjamín Vogel Mast

Soltar en la vía pública un mono con navaja  es  acto  temerario y los daños previsibles. Mejor entregarle un plátano, pues a lo sumo botará la cáscara al suelo y este comportamiento será bastante humano. En cambio reversar la evolución puede generar  grandes pérdidas. Para muestra recordamos que los ideólogos del Transantiago,  fue un equipo técnico  de monos con navaja. Ahora atropellan los monos que no pagan pasaje  y aumenta  una sangría ya irreversible al  erario nacional.  Parece que no hay vacuna posible contra esta  peste,  donde fallaron totalmente los cálculos alegres. Recordemos  que además  genera  transfusiones obligatorias a las regiones. Más vale un plátano en la mano.., decimos en La Araucanía...  Considerando los montos involucrados,  este "trans" es una especie de record Gines, por daño de “monos  con navaja”.

Otros ejemplos  cunden entre compatriotas  que no asesinan, pero causan daños y se corren. Por ejemplo ese que  abolló  una puerta al abrir violentamente la suya en un estacionamiento. Debe haber sido una camioneta grande, a juzgar por  el  navajazo  causado.   Una persona decente deja la dirección para ser ubicada y responder por el daño. Arrancar es propio de mono con navaja. Pareciera ser que todos andan enfurecidos y apurados ¿Será el acoso de las telefónicas  que nos realizan desde lugares distantes?  Aquí los monos son los ejecutivos que siempre buscan rebanar    a los usuarios.   Son intimidantes. Lo último conocido son los  “bonos  por  término de conflicto”, que en jerga penitenciaria se conoce como “papita p’al mono”. Odioso este gorila,  para los empleados  con más bajos sueldos.

Y en el Congreso  ¿Cuántos? El asunto resulta  muy indigesto  cuando  además nos llevan a la Corte de La Haya, que un columnista risueño denominó  “de la haiga”. Aludió un  chiste ocurrido  hace como 60 años, en las postrimerías de los gobiernos radicales. Pletóricos en Obras Públicas; pero que también fue escuela de pillines.  Como este “correlija”  reclamando  una  pega gubernamental, con esta navajita: “Yo no pido que me den, sino que me pongan donde “haiga”.

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