10 Mandamientos para manejar con éxito una crisis empresarial

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La incertidumbre y el espíritu empresarial van de la mano. La única certeza con la que puede contar todo propietario de una empresa es que experimentará una crisis de algún modo, forma o manera que repercuta en su negocio.

La variedad de crisis que pueden afectar negativamente a la continuidad de la actividad empresarial es muy amplia y puede incluir acontecimientos desencadenantes como: desastres naturales; cambios socioeconómicos; actos delictivos de la empresa o contra ella; compromisos normativos o gubernamentales; retos laborales o personales; cuestiones de seguridad de los productos; ciberataques, así como cualquier otro número de problemas potenciales que puedan surgir.

Dado que cada crisis y cada empresa es diferente, no hay un único enfoque para manejar con éxito una crisis empresarial. Pero, aquí hay 10 mandamientos de crisis que aumentarán enormemente su probabilidad de que su negocio salga adelante a través de la tormenta metafórica o literal.

1. El mejor momento para abordar una crisis es antes de que ocurra.

Esto significa básicamente que Noé no construyó el arca cuando estaba lloviendo. Los dueños de negocios necesitan al menos considerar las cosas que pueden salir mal en su organización antes de que las cosas salgan mal.

2. Las mejores organizaciones planifican para las crisis que aún no han enfrentado.

Esto parece obvio, pero es difícil hacer un plan de escenario más allá de su zona de confort organizacional. Los líderes que dan este paso están mejor preparados cuando ocurren cosas malas.

3. Es inevitable.

Entienda que no se trata de si su organización se enfrentará a una crisis, sino de cuándo, cómo y por qué… prepararse para ello es una buena práctica empresarial.

4. Cualquier grado de planificación es más útil que ninguno.

No se puede planificar para cada crisis o problema; sin embargo, he sido testigo de primera mano de que el mero hecho de discutir varios escenarios con los colegas ayuda a mejorar la alineación y la respuesta después de un evento desencadenante.

5. Una cosa mala lleva a otra.

Tengan en cuenta que una crisis puede generar una crisis separada o una cascada de crisis. Muchos líderes y comunicadores no consideran este potencial efecto dominó del desastre… no seas uno de ellos.

6. Todo el mundo necesita estar involucrado.

Desde el punto de vista de las comunicaciones, es vital tener reuniones regulares en toda la organización (vertical y horizontalmente) para ayudar a identificar las señales de alerta temprana y el burbujeo que desencadena los eventos de una crisis en toda regla.

7. Examine sus vulnerabilidades antes de que algo salga mal.

Examine su organización con un ojo crítico para identificar posibles áreas de vulnerabilidad o puntos ciegos institucionales que le impidan evaluar con precisión los riesgos de la situación. Tenga en cuenta que no importa cuán difícil sea evaluar y juzgar su organización antes de que se produzca una crisis, los medios de comunicación y las audiencias afectadas serán aún más difíciles durante la agitación. Piense en el ex CEO de BP Tony Howard.

8. No es momento de ser optimista.

Asegúrese de que su plan de gestión de problemas se ajusta al «peor de los casos», es decir, espere que la crisis se produzca en un día festivo o en un fin de semana, eliminando el sistema más fiable, de alto perfil, de buen rendimiento y «dado por sentado» que tiene.

9. A tener un plan para decirle a todo el mundo lo que está pasando.

Independientemente de la crisis o el problema, considere a todos los posibles interesados con antelación y obtenga la información de contacto para ellos. Comuníquese con ellos según sea necesario durante la crisis y, una vez resuelta ésta, póngase en contacto con ellos para realizar una evaluación post mortem con esos interesados a fin de determinar las enseñanzas clave y las mejores prácticas para el futuro.

10. Di todo lo que puedas sin causar pánico.

Cuente lo más que pueda de su historia, tan pronto como pueda sin prometer demasiado y sin cumplir. También debes encontrar un equilibrio que evite la sobrecomunicación demasiado pronto para no crear pánico.

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